Los días pasan, las temporadas cambian y conforme pasan solo veo reflejado un destello del pasado queriendo recordarme las consecuencias de mis actos y las malas decisiones tomadas.
No, no puedo regresar sobre mis pasos, no puedo remediar mis errores ni llorar sobre la leche derramada; pero si puedo agradecer, agradecer por lo aprendido, porque cada caída y cada tropiezo me hicieron lo que soy ahora.
He llorado, he sufrido como también he reído y he gozado. No me arrepiento de nada, pero si me lamento de no aprovechar el poco tiempo vivido al lado de las personas que tenia, bien dice el dicho... nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
Me enamore, de ese amor que empalaga y da diabetes, me enamore de manera incondicional y desinteresada, no tenia nada que perder y el nada que ofrecerme.
Aprendí, si aprendí a amar sin medir, a entregar todo hasta quedar vacía, pero también aprendí que no siempre se cosecha lo que se siembra. Aprendí a restarle importancia al dolor y cambiarlo por desinterés, suplir un sentimiento con otro y seguir sonriendo como si nada hubiera pasado.
Porque la vida es así y por más que uno ruegue y pida gritando al cielo que este dolor es más que suficiente, entiendes que no puedes hacer más que soportar, y seguir sonriendo como si nada pasara, porque ese dolor siempre te hará mas fuerte.
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